Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven a pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
El tesoro
Esto cierra la parábola del rico insensato, un hombre que había acumulado una cosecha abundante y construido graneros más grandes para guardarla, planeando años de descanso, solo para que le pidieran la vida esa misma noche, y su cuidadosa acumulación quedó al instante sin sentido ante una muerte que no había previsto en absoluto.
Fíjate en el diagnóstico concreto que se da de su necedad: hace para sí tesoro, y no es rico en Dios. Su verdadero fallo no fue acumular, sino dirigir esa acumulación exclusivamente hacia sí mismo, sin la correspondiente riqueza en Dios, sin generosidad ni mayordomía orientadas más allá de su propia seguridad y comodidad privadas.
Vale la pena examinar con honestidad tu propia acumulación, de la forma que tenga hoy. No si acumular es malo en sí, porque esta parábola no condena la cosecha ni los graneros como pecaminosos por naturaleza, sino si esa acumulación está orientada exclusivamente hacia ti, o si incluye también una riqueza genuina en Dios.
Considera hoy una manera de redirigir tu propia acumulación, aunque sea en parte, hacia ser rico en Dios, y no solo hacia tu seguridad y comodidad privadas. La advertencia de esta parábola no es contra tener recursos, sino contra tenerlos por entero y exclusivamente para ti solo.
Administra el tesoro
- Examina con honestidad si tu acumulación está orientada exclusivamente hacia ti.
- Redirige hoy un recurso concreto hacia ser rico en Dios, y no solo hacia la seguridad privada.
- Recuerda que la advertencia de esta parábola no es contra los recursos, sino contra tenerlos solo para ti.
Oración
Señor, que no haga tesoro solo para mí, sino que sea de verdad rico en ti. Muéstrame hoy una manera de redirigir mi propia acumulación hacia ti, y no solo hacia mí. Amén.
Llévalo contigo hoy
El fallo no fue acumular. Fue acumular por entero para sí mismo.