Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo.
La batalla
Pablo nombra aquí un trabajo activo y deliberado. Examínalo directamente: destruir, cautivar. Tómalo como el cuadro de este movimiento de una disciplina práctica y genuina: no la esperanza pasiva de que los pensamientos simplemente mejoren, sino un enfrentamiento deliberado y activo con cada intento.
Fíjate en “todo intento”, un alcance completo. Examina esta afirmación concreta: no solo los pensamientos obviamente pecaminosos, sino un alcance más pleno. Aplícalo de forma práctica a lo que hoy ocupa tu mente, poniéndolo a prueba frente al alcance completo de esta instrucción.
Aplícalo como un ejercicio práctico y real: toma hoy un pensamiento concreto y llévalo de verdad, deliberadamente, a este cautiverio descrito, la obediencia a Cristo. Practícalo en lugar de solo estar de acuerdo en abstracto en que los pensamientos, en general, deberían alinearse con él en algún momento.
Considera hoy un pensamiento concreto que ocupa tu mente, y practica directamente el trabajo activo de este versículo: destrúyelo si hace falta, llévalo a la obediencia. Confía en esta disciplina descrita como un ejercicio práctico y genuino, y no como una mera esperanza pasiva de que los pensamientos mejorarán con el tiempo.
Anda en el Espíritu
- Identifica un pensamiento concreto que ocupa hoy tu mente, y examínalo con honestidad.
- Practica destruirlo o llevarlo a la obediencia con actividad, sin esperar pasivamente que mejore.
- Aplica hoy esta instrucción completa a todo intento, y no solo a los obviamente pecaminosos.
Oración
Señor, déjame destruir toda altura y cautivar todo intento a la obediencia de Cristo. Que esto sea una práctica activa y deliberada, y no una esperanza pasiva. Amén.
Llévalo contigo hoy
Cautivar los pensamientos es un trabajo activo y deliberado, aplicado por completo, no una esperanza pasiva.