La Carne · Día 25 de 30

El templo del Espíritu Santo

Parte tres · Andar en el Espíritu · 2 minutos de lectura

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¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:19-20 · Reina-Valera 1909

La batalla

Pablo dice “templo”. Examínalo directamente: esta imagen llamativa y digna, tu propio cuerpo nombrado como una morada genuinamente sagrada. Tómalo como el cambio de enfoque que este movimiento necesita: no una mera fuente de impulsos que manejar, sino este espacio real, honrado y habitado.

Fíjate en “no sois vuestros”, la afirmación adicional y sobria de este versículo: tu propio cuerpo pertenece de verdad a otro, comprado por precio. Examina qué significa en la práctica esta pertenencia descrita para la manera en que hoy tratas y administras el uso real y continuo de tu cuerpo.

Aplícalo como la motivación que hace falta, no una restricción basada solo en el miedo, sino esta dignidad positiva y descrita. Considera cómo se vería hoy, en la práctica, glorificar a Dios en tu cuerpo, el propósito positivo de todo este versículo, no solo evitar la deshonra sino glorificar de verdad y con actividad.

Considera hoy lo que significa tratar tu cuerpo como este templo descrito, de verdad habitado, de verdad comprado, y practica hoy un acto concreto que de verdad y deliberadamente glorifique a Dios en tu cuerpo. Confía en este cambio de enfoque digno como la motivación positiva que este movimiento necesita.

Anda en el Espíritu

  • Considera hoy tu cuerpo como un templo genuino, y no como meros impulsos que manejar.
  • Reflexiona sobre “no sois vuestros” como motivación para la manera en que administras el uso real de tu cuerpo.
  • Practica hoy un acto concreto que de verdad glorifique a Dios en tu cuerpo, positivo y no solo restrictivo.

Oración

Señor, mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y no soy mío, sino comprado por precio. Déjame glorificarte hoy en mi cuerpo, de verdad, y no solo evitar la deshonra. Amén.

Llévalo contigo hoy

El cuerpo es un templo genuino, comprado y habitado, en el cual glorificar a Dios, y no solo restringir.