El Rebaño · Día 3 de 30

El buen pastor

Parte uno · El Pastor · 1 minutos de lectura

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Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.
Juan 10:11 · Reina-Valera 1909

Con el Pastor

En este capítulo Jesús se contrasta con el asalariado, un jornalero que huye a la primera señal de peligro porque las ovejas nunca fueron realmente suyas. El buen pastor es distinto precisamente en esto: las ovejas le pertenecen, y por eso su peligro es el peligro de él. No huye. Da su vida.

Esta no es una afirmación hipotética. Jesús habla de lo que de verdad va a hacer, poco después de decirlo, en una cruz, por ovejas que no podían ofrecerle nada a cambio. La bondad del buen pastor no se mide por sentimientos agradables hacia el rebaño. Se mide por lo que estuvo dispuesto a entregar por él.

Piensa en lo que esto significa para los momentos en que te sientes más expuesto, más en peligro, más en riesgo de quedarte solo frente a algo. No te vigila un asalariado que calcula si vales el riesgo. Te sostiene un pastor que ya demostró, al costo más alto posible, que no huirá.

Sea cual sea el peligro o la dificultad que enfrentas hoy, llévalos a un pastor cuyo cuidado por ti ya fue comprobado, no solo prometido. Dio su vida. Ahora no se va a ninguna parte.

Sigue su voz

  • Nombra un lugar donde te sientes expuesto o en riesgo ahora mismo, por pequeño que sea.
  • Recuerda hoy que él ya demostró, en la cruz, que no huirá de ti.
  • Lleva ese temor concreto ante él, confiando en su cuidado comprobado más que en tus sentimientos del momento.

Oración

Buen Pastor, diste tu vida por mí antes de que yo pudiera ofrecerte nada a cambio. Que ese amor comprobado me sostenga hoy, en cualquier peligro o temor que enfrente. Amén.

Llévalo contigo hoy

El asalariado huye. Él dio su vida.