El Diluvio · Día 29 de 30

Hace parar la tempestad en sosiego

Parte tres · En quietud · 2 minutos de lectura

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Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.
Salmo 107:29 · Reina-Valera 1909

La tormenta

Este salmo nombra la transformación real y específica hacia la cual ha ido construyendo todo este libro: la tempestad hecha sosiego, las ondas apaciguadas. Vale la pena tomarlo como una promesa genuina y amplia, no solo una compostura interna mantenida a pesar de la tormenta externa que continúa, sino la tormenta misma de verdad transformada, hecha sosiego.

Fíjate en que el contexto más amplio de este salmo describe a marineros reales en una tormenta real, clamando a Jehová en su angustia, y que este versículo nombra su respuesta directa: el mismo patrón que ya describió la exploración de Marcos 4 en el día veintiuno. Vale la pena confiar en él como un patrón consistente y confiable a lo largo de la Escritura, y no como una excepción aislada e inusual.

Vale la pena tomarlo como esperanza genuina para la tormenta que hoy de verdad te rodea, no solo esperar que de algún modo mejore tu propia compostura interna a pesar del caos externo que continúa, sino confiar en la promesa más plena de este salmo: «hace parar la tempestad en sosiego», la circunstancia externa de verdad transformada.

Sea cual sea la tormenta que hoy de verdad te rodea, recibe la promesa consistente y confiable de este salmo. Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas, confiado no solo como lenguaje poético, sino como la capacidad genuina y continua de este mismo Dios, a quien vale la pena clamar hoy, específicamente, con honestidad y con expectativa.

Encuentra la quietud

  • Clama hoy a Jehová, específicamente, por la tormenta que de verdad te rodea.
  • Confía en la promesa de este salmo como un patrón genuino y confiable, y no solo como lenguaje poético o una excepción aislada.
  • Espera hoy con expectativa que esta tormenta se haga sosiego, y no solo que mejore tu propia compostura interna.

Oración

Señor, tú haces parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Clamo a ti hoy, específicamente, confiando en este mismo patrón confiable para mi propia tormenta real. Amén.

Llévalo contigo hoy

La promesa de Dios de aquietar las tormentas es un patrón consistente y confiable, y no una excepción aislada.