Y oí una grande voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
La batalla
Este versículo nombra una actividad concreta y continua: los acusaba delante de nuestro Dios día y noche, una acusación constante e implacable, que vale la pena reconocer como otra táctica principal junto a la exploración de ayer sobre el engaño del enemigo. No solo mentirte, sino acusarte, delante de Dios, sin cesar.
Vale la pena examinar esto frente a cuánto de tu propia experiencia interior ha incluido esta misma acusación implacable, día y noche, un sentido continuo de condenación o culpa que nunca parece descansar de veras, sentirte acusado sin parar, incluso por asuntos confesados hace tiempo y perdonados de verdad.
Fíjate en que este acusador ha sido arrojado, tiempo pasado, una derrota cumplida que este versículo celebra directamente: ahora ha venido la salvación, la virtud, el reino de nuestro Dios. Esta acusación continua, por persistente que sea en tu propia experiencia, opera desde una posición ya derrotada de manera decisiva, y no desde una autoridad genuina y vigente.
Sea cual sea la acusación implacable que cargues hoy, día y noche, examina si viene de este acusador nombrado y ya derrotado, y no de la convicción genuina de Dios, que opera de otra manera, concreta y redentora, y no con la condenación vaga e implacable que este versículo nombra como el método real del acusador.
Permanece firme
- Fíjate si una acusación implacable y continua, y no una convicción concreta, caracteriza tu culpa.
- Nombra hoy esa acusación como venida de este acusador ya derrotado, y no de una autoridad genuina.
- Distingue hoy entre la condenación del acusador y la convicción concreta y redentora de Dios.
Oración
Señor, gracias porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado. Déjame reconocer la acusación implacable por lo que es: no una autoridad genuina, sino la táctica continua de un enemigo derrotado. Amén.
Llévalo contigo hoy
El acusador opera desde una posición ya derrotada de manera decisiva, y no desde una autoridad genuina.