Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
La herida
Jesús nombra aquí una conexión directa y sobria que vale la pena tomar en serio, sin suavizarla: tu propio perdón a otros y tu propia recepción del perdón se nombran como genuina y directamente conectados, no dos asuntos del todo separados sino esta relación real y descrita, que merece un examen honesto.
Vale la pena sostener esto como motivación necesaria y sobria para el tercer movimiento de este libro, no porque perdonar a otros gane el perdón de Dios por algún intercambio transaccional, sino porque la recepción genuina del perdón produce, natural y realmente, este mismo perdón extendido; este versículo nombra directamente la conexión.
Fíjate en que no se ofrece solo como teología abstracta, sino como enseñanza directa de Jesús mismo. Vale la pena examinar con honestidad si el no perdonar que hoy guardas hacia otro ha estorbado en silencio, de verdad, tu propia experiencia genuina del perdón de Dios; la sobria advertencia de este versículo merece tomarse con seriedad real.
Sea cual sea el rencor que hoy guardas, examina con honestidad si la sobria advertencia de este versículo se aplica, y considera lo que significaría de verdad avanzar hacia un perdón genuino: no para ganar el perdón de Dios por intercambio, sino porque la recepción genuina de él produce, natural y realmente, este mismo fruto.
Elige perdonar
- Examina con honestidad si el no perdonar ha estorbado tu propia experiencia del perdón de Dios.
- Toma hoy en serio la sobria advertencia de este versículo, y no la suavices hasta volverla un ánimo opcional.
- Considera un paso concreto hoy hacia el perdón que este versículo nombra como genuinamente conectado.
Oración
Señor, si no perdono a los hombres sus ofensas, tampoco tú perdonarás las mías. Déjame tomar en serio esta sobria advertencia, y avanzar hacia un perdón genuino, no ganando la gracia, sino recibiéndola. Amén.
Llévalo contigo hoy
Tu perdón a otros y tu recepción del perdón están genuina y directamente conectados.