Entonces dijo José a sus hermanos: Llegaos ahora a mí. Y ellos se llegaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano el que vendisteis para Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá.
La herida
José nombra aquí directamente el mal real: el que vendisteis para Egipto. Fíjate en este reconocimiento concreto y honesto aun en el momento mismo de extender el perdón, ni pasado por alto ni minimizado, sino nombrado con precisión: el mismo nombrar honesto con que comenzó este libro, ahora sostenido junto a una reconciliación genuina.
Fíjate en no os entristezcáis, ni os pese, que conviene examinar directamente: la preocupación de José no es solo que su perdón sea recibido, sino por el bienestar genuino de sus hermanos. Vale la pena sostenerlo como el cuadro de este movimiento de lo que un perdón maduro incluye de verdad, en la práctica.
Vale la pena aplicar esto a quien estás trabajando por perdonar, siguiendo el patrón concreto de José: nombrar con honestidad el mal real, el que vendisteis, a la vez que se extiende un cuidado genuino por el bienestar de la otra persona; ambas cosas sostenidas juntas, sin contradecirse, el patrón real y maduro de todo este libro.
A quien estás trabajando por perdonar, considera hoy las palabras concretas de José: yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis, un nombrar honesto, y no os entristezcáis, un cuidado genuino, ambos dichos juntos. Vale la pena sostenerlo como la forma real y práctica que toma de verdad, y concretamente, un perdón maduro.
Elige perdonar
- Nombra con honestidad y concreción lo que de verdad se hizo, como lo nombró José directamente.
- Considera un cuidado genuino por el bienestar de la otra persona, siguiendo el ejemplo maduro de José.
- Sostén hoy juntos el nombrar honesto y el cuidado genuino, no contradictorios sino genuina y mutuamente posibles.
Oración
Señor, déjame decir, como José, sé lo que de verdad se hizo, y aun así, no os entristezcáis: un cuidado genuino extendido junto a un nombrar honesto, este patrón maduro y real. Amén.
Llévalo contigo hoy
El perdón maduro sostiene el nombrar honesto del mal junto a un cuidado genuino por la otra persona.