Los Liberados · Día 23 de 30

Nuestro viejo hombre fue crucificado

Parte tres · Libres · 2 minutos de lectura

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Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Romanos 6:6 · Reina-Valera 1909

La cadena

Pablo nombra aquí un hecho concreto y decisivo: nuestro viejo hombre fue crucificado con él, en tiempo pasado, ya cumplido, no un proceso continuo que todavía ocurre poco a poco, sino un acontecimiento completo, de veras terminado, que vale la pena sostener como un hecho firme sobre el que descansa toda la práctica de la libertad de este movimiento final.

Fíjate en «a fin de que no sirvamos más al pecado», el resultado concreto ligado a esta crucifixión: la libertad de servir al pecado se nombra como el fin real y querido, no una mera posibilidad teórica, sino la consecuencia práctica que este hecho firme y pasado está destinado a producir en tu vida diaria y continua.

Vale la pena examinar esto frente a cuánto ha tratado tu lucha al viejo hombre como si siguiera plenamente vivo, que requiere ser derrotado una y otra vez con esfuerzo repetido, en vez de lo que afirma este versículo: ya crucificado, un hecho firme del cual vivir, no una batalla continua que haya que ganar una y otra vez, con incertidumbre.

Sea cual sea el patrón contra el que luchas hoy, considera lo que significa vivir de verdad desde este hecho firme, nuestro viejo hombre fue crucificado, en vez de tratar esta batalla como si siguiera incierta, como si requiriera la derrota continua del viejo hombre y no su crucifixión ya cumplida, en la historia.

Rompe la cadena

  • Considera si has tratado al viejo hombre como si siguiera vivo, necesitado de una derrota continua.
  • Vive hoy desde el hecho firme de que esta crucifixión ya está de veras cumplida.
  • Rehúsa hoy servir al pecado, confiando en que «no sirvamos más» es el resultado real y querido de este hecho firme.

Oración

Señor, mi viejo hombre fue crucificado contigo, algo ya cumplido de veras. Déjame vivir hoy desde este hecho firme, sin servir más al pecado, sin seguir peleando una batalla ya ganada. Amén.

Llévalo contigo hoy

La crucifixión del viejo hombre es un hecho firme y pasado, no una batalla continua e incierta.