La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la hará alejar de él.
El árbol
Este proverbio afirma algo que vale la pena nombrar con claridad: la necedad está ligada en el corazón del muchacho, una suposición honesta y poco halagadora sobre la naturaleza humana desde el principio, no una corrupción que solo entra más tarde por malas influencias, sino presente, ligada, desde la niñez misma, y que requiere atención activa en lugar de la suposición pasiva de que se le pasará sola con la edad.
Esto corrige una visión sentimental de la niñez que supone que los niños son naturalmente inocentes en todo sentido, y que solo necesitan protección contra la corrupción externa y no una corrección interna real. La antropología de la Escritura es más sobria: la necedad está de verdad ligada por dentro, presente desde el comienzo, y exige una corrección activa y continua, no solo un cuidadoso resguardo de las influencias de afuera.
Esto debe afirmarte contra el desánimo cuando la corrección se siente interminablemente repetitiva, con la misma necedad reapareciendo una y otra vez a pesar de un esfuerzo real. Este proverbio supone justamente ese patrón: una necedad realmente ligada que requiere corrección paciente y repetida a lo largo de años, y no una sola intervención exitosa que resuelva el asunto para siempre.
Sea cual sea la necedad que sigue reapareciendo en tu hijo a pesar de tus mejores esfuerzos, no lo leas como si tu corrección hubiera fallado. Este proverbio supone que la corrección es un trabajo realmente continuo, que va haciendo alejar lo que está ligado, con paciencia, una y otra vez, y no se logra en una sola victoria decisiva.
Cuida el árbol
- Nombra la necedad concreta que sigue reapareciendo a pesar de tus mejores esfuerzos.
- Corrígela otra vez hoy, con paciencia, sin desanimarte porque haya reaparecido.
- Confía en que la corrección continua y repetida es el patrón esperado, y no una señal de fracaso.
Oración
Señor, esta necedad sigue reapareciendo y me tienta el desánimo. Dame paciencia para la corrección continua y repetida, confiando en que es el trabajo esperado. Amén.
Llévalo contigo hoy
La corrección repetida no es un fracaso. Es el trabajo paciente que se espera.