La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos.
La lengua
Este proverbio nombra un poder total: la muerte y la vida. Sostenlo como un reconocimiento honesto de que las palabras no son un adorno neutral de la comunicación, sino algo realmente poderoso, capaz de producir resultados tan serios como los extremos que el versículo nombra.
Fíjate en el que la ama comerá de sus frutos. Examínalo directamente: el versículo sugiere que lo que de verdad amas hablar por costumbre, en cualquier dirección, la que produce muerte o la que produce vida, acabará dando el fruto correspondiente. Tómalo en serio como una consecuencia real y continua.
Aplícalo con honestidad a tus patrones habituales de habla, no solo a los deslices ocasionales, sino al fruto regular que ha estado produciendo la dirección habitual de tu lengua. Examina con franqueza si ese fruto refleja hoy más muerte o más vida.
Considera hoy qué fruto ha estado produciendo tu manera habitual de hablar, en tus relaciones y en tu propio corazón, y examina con honestidad si has amado más el camino que produce muerte que el que produce vida. La afirmación sobria de este proverbio merece toda tu seriedad.
Guarda tus palabras
- Examina con honestidad qué fruto ha estado produciendo tu manera habitual de hablar.
- Considera si has amado más las palabras que producen muerte o las que producen vida.
- Di hoy una palabra concreta, deliberadamente productora de vida, para poner a prueba lo que afirma este proverbio.
Oración
Señor, la muerte y la vida están en poder de mi lengua. Déjame examinar con honestidad qué fruto ha estado produciendo mi manera habitual de hablar, y volverme con decisión hacia la vida. Amén.
Llévalo contigo hoy
Las palabras no son neutrales. Producen fruto real, en la dirección que se ama por costumbre.