No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
La lengua
El Predicador da esta instrucción específicamente sobre el habla delante de Dios. Fíjate en ello directamente: la disciplina del habla guardada de todo este libro se aplica no solo a las conversaciones con otros, sino a la oración misma. Examina si tu manera de orar ha incluido esta misma contención necesaria.
Fíjate en porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra, la razón concreta que se da: la humildad adecuada ante esta distancia real y genuina. Sostenlo frente a lo mucho que tus oraciones han incluido un hablar descuidado y apresurado, que supone una familiaridad que ha olvidado calladamente esta distancia real.
Aplícalo con honestidad a tu vida de oración reciente, examinando si las palabras se han ofrecido con prisa, sin pensar, sin la reverencia adecuada, en lugar de la instrucción del versículo: sean pocas tus palabras, un hablar deliberado, sin prisa y de verdad reverente, también, y sobre todo, en la oración.
Considera hoy practicar esta instrucción concreta en tu propia oración, no eliminando el hablar honesto y genuino a Dios, sino llevando a él la misma disciplina deliberada que ha explorado todo este libro: pocas palabras, sin prisa y reverentes, y no un hablar apresurado y precipitado que quizá ha olvidado la distancia que este versículo nombra.
Guarda tus palabras
- Examina tus oraciones recientes, considerando si las ha caracterizado un hablar apresurado o precipitado.
- Practica hoy una oración deliberada, reverente y sin prisa, siguiendo la instrucción concreta del versículo.
- Considera qué podría significar la humildad adecuada ante Dios para tu manera de hablarle.
Oración
Señor, que no me dé priesa con mi boca delante de ti. Tú estás en el cielo, y yo sobre la tierra. Que mis palabras a ti sean pocas, deliberadas y de verdad reverentes como corresponde. Amén.
Llévalo contigo hoy
El habla guardada se aplica a la oración misma, no solo a las conversaciones con otras personas.