Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
El rostro
Pablo nombra aquí un contraste concreto: el espíritu de servidumbre que produce temor, frente al espíritu de adopción que produce el clamor íntimo, Abba, Padre, un término de cercanía filial genuina, y no un trato formal y distante. La exploración de este segundo movimiento sobre ser conocido culmina en este término íntimo y relacional.
Fíjate en el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu, una confirmación interior y real, no un simple asentimiento intelectual a una doctrina sobre la adopción, sino un testimonio continuo y verdadero: el Espíritu mismo confirmando, junto con tu propio espíritu, que somos hijos de Dios, ambos testificando juntos de esta misma realidad.
Vale la pena examinar esto frente a cuánto temor, y no este clamor íntimo, ha gobernado en realidad tu relación con Dios: distancia formal en lugar de cercanía filial genuina, servidumbre en lugar de la libertad que este versículo describe como la alternativa real y disponible por medio del Espíritu de adopción.
Sea cual sea el temor o la distancia que haya marcado tu manera de acercarte a Dios, recibe hoy en su lugar este Espíritu de adopción, que clama Abba, Padre, con la misma cercanía íntima que describe este versículo, confiando en el testimonio del Espíritu junto al tuyo de que esta cercanía es de verdad tuya.
Vuelve tu rostro
- Fíjate en si el temor o la cercanía íntima ha marcado más últimamente tu manera de acercarte a Dios.
- Clama hoy Abba, Padre, de manera deliberada, recibiendo el espíritu de adopción y no el de servidumbre.
- Confía en el testimonio del Espíritu junto al tuyo de que eres de veras un hijo de Dios.
Oración
Abba, Padre. Déjame recibir hoy el espíritu de adopción, y no el de servidumbre y temor, confiando en que tu Espíritu da testimonio junto al mío de que soy tu hijo. Amén.
Llévalo contigo hoy
El espíritu de adopción produce cercanía íntima, y no distancia formal ni temor.