Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.
La meta
Este versículo nombra algo que conviene mirar directamente sobre la muerte misma de Moisés: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. Una vitalidad genuina conservada a los ciento veinte años. Vale la pena tomarlo como testimonio de la Escritura misma de que el declive no es el único patrón inevitable que debe seguir una vida larga.
Vale la pena examinar esto frente a cualquier temor que lleves de que una vida larga significa necesariamente un menoscabo prolongado. Conviene sostenerlo junto al testimonio de Moisés: no está prometido igual a toda persona, pero es genuinamente posible. Vale la pena confiar en él como un patrón disponible, y no ver el declive como la única opción inevitable.
Fíjate en que esto se dice en su muerte misma, y no en algún punto anterior, años antes del final. Sugiere que esta vitalidad conservada se extendió de verdad hasta el final mismo de su larga vida. Vale la pena tomarlo como esperanza genuina para los años que tu propia vida aún tenga.
Sean cuales sean los años que te queden, muchos o pocos, recibe hoy el testimonio de Moisés como posibilidad genuina. No está garantizado igual para todos, pero vale la pena confiar en él como algo disponible: la capacidad de Dios de conservar una vitalidad genuina hasta el final mismo de una vida larga y vivida con fidelidad.
Termina bien
- Considera el testimonio de Moisés como una posibilidad genuina, y no el mero declive inevitable como la única opción.
- Confía en la capacidad de Dios de conservar una vitalidad genuina en los años que te queden, muchos o pocos.
- Da hoy un paso para cuidar bien tu vitalidad, sin suponer pasivamente solo el declive.
Oración
Señor, como a Moisés, que mis ojos no se oscurezcan ni pierda mi vigor, hasta el final mismo. Conserva en mí una vitalidad genuina, confiando en que esto está disponible, y no solo el declive. Amén.
Llévalo contigo hoy
El declive no es el único patrón disponible. La vitalidad conservada hasta el final también es genuinamente posible.