Dios, Dios mío eres tú: levantaréme a ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas;
La llama
David nombra aquí alma y carne, tiene sed, desea, un anhelo completo: no un mero interés espiritual o intelectual, sino un deseo corporal, de toda la persona, algo que vale la pena notar como el retrato que este salmo hace de lo que un amor verdaderamente encendido implica de veras y por completo, no parcial sino total en toda la persona.
Fíjate en «levantaréme a ti de mañana», un momento deliberado que se nombra directamente: no una búsqueda casual, cuando sea cómodo, sino de mañana, priorizada, primera, el orden real que este salmo supone que la búsqueda verdadera requiere, algo que vale la pena examinar frente a cuánto tu búsqueda se ha relegado al tiempo que quede después de las demás prioridades.
Fíjate también en «en tierra de sequedad y transida sin aguas», este anhelo descrito en circunstancias de verdad difíciles e insatisfactorias, no producido por la abundancia cómoda sino que persiste, de verdad, a través de una sequedad real, algo en que vale la pena confiar como disponible en cualquier estación seca que tus circunstancias actuales representen.
Sea cual sea la tierra seca y sedienta que describe hoy tus circunstancias reales, recibe hoy el ejemplo de David: levantaréme a ti de mañana, mi alma tiene sed de ti, un anhelo completo, priorizado y verdadero, disponible aun aquí, en esta sequedad real, sin exigir una abundancia cómoda antes de que la búsqueda verdadera pueda comenzar.
Atiende la llama
- Fíjate si tu búsqueda se ha relegado al tiempo que queda después de otras prioridades.
- Busca hoy de mañana, de manera deliberada y priorizada, y no solo cuando sea cómodo.
- Confía en que la sed verdadera por Dios puede persistir a través de una sequedad real, sin exigir antes una abundancia cómoda.
Oración
Dios, Dios mío eres tú, de mañana te buscaré. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, aun en esta tierra de sequedad y transida sin aguas. Amén.
Llévalo contigo hoy
El anhelo verdadero por Dios puede persistir a través de una sequedad real, sin exigir una abundancia cómoda.