El Enemigo · Día 11 de 30

Vestíos de toda la armadura

Parte dos · Armado · 2 minutos de lectura

← El Enemigo

Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
Efesios 6:10-11 · Reina-Valera 1909

La batalla

Pablo nombra aquí la fuente real de fortaleza antes de cualquier instrucción sobre la armadura: confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza, no tu propia fuerza reforzada con equipo adicional, sino la suya, por completo, el poder real que toda esta armadura está hecha para canalizar y proteger, y no para reemplazar.

Este segundo movimiento, que pasa de la conciencia del primero al equipamiento real y activo, se abre con este orden crucial. La armadura no crea una fuerza que no estuviera ya. Protege y capacita la fuerza ya dada, en el Señor, y en la potencia de su fortaleza, la fuente genuina y previa.

Fíjate en vestíos, un verbo activo y deliberado, no una esperanza pasiva de que la armadura aparezca sola cuando se necesite. Toda la armadura de Dios requiere ser vestida de veras y a propósito, una elección genuina y continua, y no una posesión automática por el solo hecho de una identidad cristiana general sin esta apropiación activa y concreta.

Considera hoy lo que significa vestirte de veras y a propósito de toda esta armadura, no solo creer que existe en teoría, sino apropiártela de verdad y de manera activa, pieza por pieza, a lo largo de los días que explorará este movimiento, confiando en la fortaleza del Señor como la fuente real que esta armadura está diseñada para canalizar.

Permanece firme

  • Examina si has estado confiando en tu propia fuerza y no en la fortaleza del Señor.
  • Vístete hoy de toda la armadura de Dios, de manera deliberada, como una elección activa y no una suposición pasiva.
  • Anticipa la exploración que viene en este movimiento de cada pieza concreta, preparándote para llevarla de veras.

Oración

Señor, sé tú mi fortaleza, y déjame vestirme de toda tu armadura de manera deliberada y activa, confiando en tu poder como la fuente real que esta armadura está hecha para proteger y canalizar. Amén.

Llévalo contigo hoy

La armadura canaliza la fuerza ya dada. No crea fuerza por sí sola.