De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo... Porque todavía sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?
La comparación
Esto cierra el primer movimiento de este libro con el diagnóstico directo y serio de Pablo. Vale la pena sostenerlo como el reconocimiento culminante de este movimiento: los celos y la envidia se nombran como evidencia de una fe carnal e inmadura. Toma esta conexión en serio, en lugar de tratar la envidia como algo espiritualmente neutral.
Esto cierra el círculo que ha trazado todo este primer movimiento. El semblante decaído por la comparación, la envidia que amenaza el equilibrio, una familia entera afectada, el vigilar y mirar de través sostenido, la confusión y el mal conectados con la envidia, el pudrimiento real del cuerpo, la vana gloria como raíz, el trabajo correcto que aun así es envidiado.
Fíjate en andáis como hombres. Es la forma específica en que este versículo lo nombra: la envidia misma como evidencia de andar según patrones meramente humanos, sin renovar. Examina con honestidad si este mismo diagnóstico ha descrito tu madurez espiritual respecto de esta lucha.
Al cerrarse este movimiento, recibe el diagnóstico honesto de Pablo como algo necesario, no como desesperación, sino como el fundamento genuino del segundo movimiento de este libro, donde el contentamiento real y practicado, y no el mero manejo de la envidia, será el enfoque práctico del libro.
Elige el contentamiento
- Considera qué ha aclarado de tu propia envidia todo este primer movimiento de nombrar con honestidad.
- Recibe el diagnóstico de Pablo como honestidad necesaria, no como desesperación, sobre tu madurez espiritual en esto.
- Lleva la honestidad de todo este primer movimiento a la exploración del contentamiento genuino de esta semana.
Oración
Señor, donde hay celos y contiendas entre nosotros, todavía somos carnales. Lo he nombrado con honestidad. Que esto sea el fundamento para un contentamiento genuino y practicado ahora. Amén.
Llévalo contigo hoy
La envidia es evidencia de una fe carnal e inmadura: merece reconocerse con honestidad, no tratarse como algo espiritualmente neutral.